Daniel apoyó la cabeza contra el asiento del coche, cerrando los ojos un momento para alejar el dolor de cabeza que le latía en las sienes después de la intensa reunión con Olivia. Arrancó el motor y condujo hacia su casa. Pero justo al girar hacia el barrio residencial, algo llamó su atención y tuvo que frenar de golpe.
Una niña caminaba sola al lado de la carretera. Su cabello estaba despeinado, la ropa arrugada, y sus pasos inseguros, como si llevara mucho tiempo caminando.
—¿Eliana? —murmur