En el ala privada de la residencia, alejada del despacho pero cargada de una tensión casi insoportable, Mein Ling caminaba de un lado a otro como una fiera herida. Su orgullo de matriarca estaba sangrando.
La puerta se abrió y entraron su esposo Arrieta, seguido por Angelo y sus tres hijos: Li Wei, Zhang y Yang.
En cuanto cruzaron el umbral, Mein clavó sus ojos de fuego directamente en Angelo.
—¡Exijo una explicación, Angelo! —gritó Mein, rompiendo la postura de elegancia y dejando salir la rab