Mientras las chicas se iban a sus casas a bañarse y cambiarse, el timbre de la propiedad resonó con fuerza.
Un joven de vestir elegante, refinado y de una familia millonaria completamente ajena al mundo del crimen organizado, logró pasar los controles de seguridad. Avanzó por el pasillo del vestíbulo sosteniendo un enorme ramo de lirios blancos.
Al verlo aparecer, Ángelo se cruzó de brazos y dio dos pasos al frente, midiéndolo con una mirada imponente que hizo al muchacho tragar saliva.
—¿Tú qu