La mañana en los suburbios de Miami era húmeda y sofocante, pero dentro del auto de Larius el aire acondicionado mantenía una temperatura gélida, idéntica a su temperamento. No había magia en su trabajo, solo un método riguroso y una paciencia infinita.
Su primera parada fue el modesto edificio de departamentos donde Tamara trabajaba en el servicio de limpieza. Con su andar tranquilo y una credencial falsa de la empresa colgada al cuello, Larius localizó rápidamente a la casera, la señora Carme