Dentro del despacho, la tensión subió de nivel. Angelo cruzó los brazos sobre su pecho, clavando sus ojos de acero en Damián.
—A ver, Damián —demandó Angelo con voz gélida—. Explícame cómo empezó todo esto. Quiero la verdad. Ahora.
Damián suspiró, manteniéndose firme, sin mirar a su hermano, quien lo fulminaba con la mirada.
—La chica que limpia la piscina trabajaba antes como mesera en el club Cobra, padre —comenzó a explicar Damián—. Hace unos días, cuando le sirvió la bebida a Alessandro, po