El sol de la mañana se alzó imponente sobre el Atlántico, iluminando la espectacular mansión de Key Biscayne con una luz dorada que ocultaba los oscuros secretos de la noche anterior. El nuevo día traía consigo el inicio formal de la cuenta regresiva. La presión se respiraba en el aire; los herederos sabían que cada hora contaba para encontrar a las candidatas perfectas y asegurar el liderazgo de la dinastía.
En una de las habitaciones de los altos, Yang abrió los ojos entre las sábanas de seda