EN LA BOCA DEL LOBO.
Lejos del lujo corporativo y las intrigas mafiosas de los Di Santi-Ling, la luz de la mañana en el barrio obrero de Miami no traía promesas de poder, sino la cruda urgencia de la supervivencia.
En un modesto cuarto de alquiler, Tamara se obligaba a ponerse de pie frente al viejo espejo del baño. Soltó un quejido ahogado al ajustarse la ropa de trabajo; el roce de la tela contra su espalda y piernas encendía el dolor de las marcas que los azotes de su padre le habían dejado. Se amarró el cabello