Desde su oficina en el hospital de la familia, donde pasaba sus mañanas supervisando la labor social, Clara mantenía la mirada fija en el ventanal mientras apretaba el teléfono contra su oído. Aún sentía la indignación ardiéndole en el pecho por lo que su hijo Thiago le acababa de contar sobre la estafa con el falso "Doctor Jumping".
En cuanto escuchó la voz al otro lado de la línea, su tono se llenó de un amor profundo y absoluto.
—Mi dragón... qué bueno que te encuentro —saludó Clara con cali