En la residencia principal, la matriarca Mein Ling permanecía de pie junto al ventanal con una postura imponente. Sostenía el teléfono en la oreja mientras escuchaba la llamada con número privado proveniente de Sicilia, Italia. Llevaba días ignorando las llamadas del líder de la mafia italiana, pero sabía que ese choque era inevitable.
—Pensé que habías olvidado cómo usar un teléfono, Mein —resonó del otro lado la voz rasposa, arrogante y dominante del padre de Matteo.
—Estaba ocupada atendiend