Luciana se sentó de un brinco en la cama, vaciando el contenido de las bolsas de boutiques exclusivas sobre las sábanas.
—¡Mira esto! Te traje este vestido color crema que te va a quedar divino, y estos vestidos holgados para que no te molesten en el pie. ¡Ah! Y estos zapatos bajos de piel supersuaves...
Tamara observaba el despliegue de ropa, zapatos y accesorios con los ojos muy abiertos. Luciana hablaba a mil por hora, moviéndose de un lado a otro con una vitalidad arrolladora. Tamara la mi