La moto frenó de golpe frente al ostentoso restaurante L’Étoile d’Or. Bianca bajó de un salto, respirando desbocada, con el pecho agitado y el peinado arruinado por el viento.
Temblaba de rabia y de pánico, acomodándose la ropa con manos frenéticas mientras la adrenalina le quemaba la sangre.
—¡Eres un salvaje, un completo animal! —escupió Bianca, clavándole una mirada cargada de odio puro.
Nico apago el motor, se quitó el casco y la miró con una sonrisa burlona que lentamente se transformó en