Capítulo cuarenta y tres.
El corazón me bombea contra el pecho.
Me tiemblan las piernas y me he quedado nula. ¿Habré escuchado bien? No. Tiene que ser una bendita broma. Esto no debería de estar sucediendo, yo no debería... Tiene que ser un maldito sueño.
Una corriente helada que me cruza por la baja espalda me hace saber que esto no es una alucinación mía. Que esto que acabo de oír es cierto.
Totalmente verídico.
Joder...
Tengo que salir de aquí.
Pero cuando eso intento, mis pies, que parecen no recibir la orden correc