Capítulo cincuenta y ocho.
Estoy corriendo. Persigo a alguien...
No. Alguien me persigue a mi.
Me aferro a unos barandales de hierro, la estructura donde me encuentro se balancea, haciendo que pierda la estabilidad por unos segundos. Casi que ahogo un grito.
Creo... Creo que es una casa. No. Esa idea se me quita enseguida, cuando me inclino sobre el mismo hierro y aunque chilla, miro hacía abajo.
La altura es demasiada. No hay ningún salón, ninguna cocina, nada. Solo es vacío. Ni siquiera se puede ver que hay allí. To