Capítulo cincuenta y nueve.
Pasa tiempo desde que los gritos dejan de traspasar las paredes y mis lagrimas dejan de correr como locas por las mejillas. Apenas siento mi propia respiración, ni las extremidades, las cuales comienzan a dolerme por pasar tanto tiempo en el suelo de rodillas.
Todo se ha calmado menos mi interior. Menos el miedo que me recorre las malditas venas. La desesperación que tengo de saber si Eric está bien. De saber qué hace aquí. De saber como me encontró. ¿Por qué se arriesgó?
O si también fue una j