Capítulo cincuenta y siete.
Jessica.
Corro por la recepción de la entrada con la mayor rapidez que mis pies me permiten.
Consigo esquivar a los demás empleados con varios empujones, sin atreverme a pedir disculpas. Ahora no es el momento.
Ahora ni siquiera puedo frenar y ponerme a pensar.
Con la respiración hecha un desastre y miles de lagrimas empapando mis mejillas, demasiado acaloradas en este momento, tecleo una y otra vez el botón del ascensor. Casi que dejo mitad de mi uña ahí dentro, pero es que necesito llegar cua