El cuerno resonó de nuevo y la competencia continuó.
El aire estaba cargado de tensión. Los espectadores apenas podían apartar la vista del lugar donde habían sacado a la loba roja ensangrentada. El ataque había dejado a todos murmurando, preguntándose si aquello había sido realmente un accidente o una jugada sucia de la manada Luna Nueva.
Pero Adrián no escuchaba nada. Solo sentía el rugido de su sangre en los oídos y la rabia contenida ardiendo en su pecho. Emili estaba fuera, herida por una