El silencio tras la partida de Jackson y Bastián se rompió con el crujido de la puerta. El sanador de la manada entró apresurado, cargando su bolsa de cuero llena de frascos y hierbas. Su mirada recorrió la cabaña, notando los destrozos, pero no preguntó nada. La prioridad era el alfa.
—Alfa Adrián —dijo inclinando la cabeza—, necesito que se siente.
Adrián apenas asintió. Pero con ayuda de Emili subieron a su habitación.
El cansancio y el dolor empezaban a pesarle ahora que la adrenalina de