El aire en el campamento estaba más tenso de lo habitual. Faltaban pocos días para la gran final del torneo y cada manada afinaba estrategias, fortalecía músculos y templaba el carácter de sus guerreros. El gimnasio improvisado, una enorme cúpula de cristal y metal, vibraba con el sonido de golpes, jadeos y el choque metálico de pesas contra el suelo.
Emili había pasado la mañana entrenando junto a Sarah, Samuel, Leandro y Mateo, pero su mente no estaba del todo en los ejercicios. Desde que Bas