La luna llena se alzaba imponente sobre el claro del bosque, bañando con su luz plateada los rostros tensos de quienes se habían reunido para presenciar lo inevitable. Valeria permanecía de pie, con la espalda recta y la barbilla elevada, mientras el viento nocturno agitaba su cabello oscuro. Su vientre, ahora visiblemente abultado, parecía brillar bajo la luz lunar, como si la vida que crecía dentro de ella absorbiera la energía del cielo nocturno.
Frente a ella, a escasos metros de distancia,