El bosque se había convertido en un campo de batalla. Los aullidos rasgaban la noche como cuchillos afilados mientras el olor a sangre impregnaba el aire. Valeria se movía entre las sombras, su cuerpo transformado parcialmente, manteniendo el equilibrio perfecto entre su forma humana y la bestia que habitaba en ella. Sus sentidos estaban alerta, captando cada movimiento, cada respiración, cada latido de corazón en kilómetros a la redonda.
La manada de Damián había llegado al amanecer, tal como