La luz del amanecer se filtraba por las cortinas cuando Valeria despertó. Se incorporó lentamente, sintiendo el peso de su vientre, cada día más notorio. Habían pasado tres semanas desde su llegada al territorio de Kael, y aunque jamás lo admitiría en voz alta, comenzaba a sentirse más segura.
Cuando se dispuso a levantarse, notó una bandeja en la mesita junto a la cama. Fruta fresca cortada en trozos pequeños, pan recién horneado, un vaso de jugo de naranja y otro de leche. Junto a todo ello,