Leonardo
Habían pasado doce días desde que firmé los papeles. Doce días desde que Clara y yo dejamos de ser un “nosotros”. La tinta se secó en segundos, pero las consecuencias siguen cayendo, una tras otra, como una gotera que nadie se molesta en reparar.
La casa no ha cambiado. Y eso la vuelve inhabitable.
Cada objeto parece suspendido en una nostalgia deliberada. Las tazas, alineadas como a ella le gustaban. Los señaladores improvisados con servilletas de café aún asoman entre las páginas de s