Mundo ficciónIniciar sesiónALEX
Luego de la cena, fui hasta la habitación que Marie me indicó. Entré a una enorme habitación en la que podría haber entrado toda mi antigua casa con garaje incluido. Mi antigua casa… ¿Qué sería de aquel lugar? Allí quedaron todas nuestras cosas suspendidas en el tiempo, no pude traer nada. No tengo fotos de papá, temo olvidar algún día su rostro. Miré en mi bolso, saqué la ropa sucia y la lavé en el lavabo. Tenía que secarse, no me quedaba más ropa limpia.
La habitación tenía, frente a la enorme cama, una chimenea con leños ardiendo. La temperatura de la habitación era muy agradable. Puse la ropa a secar frente a la chimenea y me acosté con la camiseta que llevaba ese día.
Observé las estrellas desde la ventana y recordé la noche en que “Amira”, mi loba blanca, apareció por primera vez. Hermosa, resplandeciente, incomparable. Mi corazón se partió al pensar en todo lo que perdí aquella noche. Y sentí culpa por saber que la causal de todo fue mi loba, pero que aun así, me dolía con cada fibra en mi pecho el haberla perdido también a ella.
Lloré, hasta que mis ojos se cerraron.
Desperté a la mañana siguiente de mejor humor, sentía algo de esperanza en el nuevo día. Ese día habría cambios en mi vida. Cambios buenos… eso esperaba.
Me duché y fuí a tomar la ropa que había lavado, no estaba del todo seca, le faltaba un poco, pero eso tendría que bastar. Me vestí y salí hacia el salón comedor.
- Adiós, Alex - Escuché, miré hacia atrás, era Will, con su bolso, dirigiéndose hacia la salida de la casa de la manada. Levanté una mano para despedirme. Will abrió la puerta y dijo en voz alta y una gran sonrisa burlona - ¡Adiós, tutor!
Lo miré sin comprender, hasta que volteé y me encontré de frente con Ryan Morgan. Di un salto de la impresión.
- Ya vas tarde a tu primer día - comentó serio.
- Buenos días… - Dije, pasando a su lado, caminé a la cocina rápidamente - Lo siento, no conocía el horario… y no tengo despertador… No volverá a pasar.
Eché mermelada a unas tostadas que ya estaban listas. Lo siento por el que las hizo, pero no me iba a arriesgar a ser regañada.
- Esa no es una excusa. Ahora, apúrate.
- Ay! Está bien… no tienes que llevarme si no quieres - Me molesté con su reacción. Había sido distante y molesto desde el día anterior y luego amable… Su actitud me confundía.
- Ya no hables más y sube al coche.
Me senté en el asiento del copiloto, molesta, de brazos cruzados… No comprendía qué le había hecho para que me tratara así. Era seguro que le resultaba molesto tener que llevarme a la universidad. Y más aún, al pensar que tendría que hacerlo todos los días.
- Te unirás al grupo de Élite los días lunes, miércoles y viernes - Inició al arrancar el coche. Tres días a la semana, era bueno, así no tendría que soportar sus cambios de humor todo el tiempo.
- De acuerdo - dije, mirando hacia fuera del auto, a través del cristal.
- Y los martes, jueves y fines de semana, tendrás entrenamiento solo conmigo.
- ¡¿Qué?! - Grité y lo miré - ¿Por qué?
- Porque soy tu tutor y porque el Rey Alfa me ha encomendado esa misión.
¿Cómo podía replicar algo así? Tendría que estar cada maldito día viendo su cara de pocos amigos.
- El entrenamiento inicia hoy - continuó, yo solo lo escuché en silencio. De nada servía replicar - Quiero saber si sirves para algo y si no me equivoqué contigo.
- Si eso es lo que piensas de mí, dime, ¿por qué te ofreciste a entrenarme en primer lugar?
- Ah, ¿entonces querías que el niño bonito Will fuera tu tutor?
- ¿Desde cuándo los entrenamientos tratan de eso? ¿Crees que, con lo que me ha pasado últimamente, podría estar interesada en cualquier lobo que pueda cruzarse por mi camino?
- Con las lobas nunca se sabe… - Empezó a hablar con voz aguda, mofándose de las lobas - Will es tan atento… Will me llevó de compras… Will es el mejor de todos los machos… Wil, Will, Will…
- ¿De verdad me crees así de tonta?… viajé tres días enteros para llegar hasta aquí, ¿tu crees que lo hice para encontrar un nuevo macho? Ya tengo suficiente con un rechazo, no estoy interesada en encontrar una nueva pareja y mucho menos involucrarme con otro Alfa - dije molesta
Ryan Morgan me observó unos instantes en silencio, pero no volvió a decir nada más. El carro se mantuvo en silencio después de eso; el licántropo no emitió palabra y yo me limité a mirar por la ventana el paisaje invernal. Poco rato después empecé a sentir mucho frío. Mi antigua manada estaba situada en una zona de clima templado y mi ropa no estaba adaptada para el frío, sin mencionar además que llevaba mi ropa aún húmeda. Me encogí en silencio en el asiento, no le daría el privilegio de saber que, a parte de humillada, también estaba congelada.
Llegamos a la Universidad. Era un conjunto de varios edificios rodeados por un hermoso campus.
- Debo tomar la tarjeta de ingreso… - comentó, cruzándose sobre mí, para llegar a la guantera del carro.
Me mantuve quieta, para que pudiera buscar lo que quisiera, me mantuve mirando hacia los edificios por el largo rato que Ryan Morgan tardó en sacar la maldita tarjeta. Y es que al parecer a la tarjeta le gustaba escabullirse entre los papeles, o el licántropo era demasiado desordenado, porque estuvo varios minutos buscando, con su rostro muy cercano al mío, al punto de hacerme sentir incómoda por la cercanía.
- Aquí está… - murmuró.
Al sacar la tarjeta, rozó sin querer mi brazo desnudo. Sus manos estaban cálidas. Me habría hecho bien un poco de esa calidez; ya que mi piel estaba congelada.
Pasó la tarjeta por un lector y la barra que nos impedía el paso se levantó, aun no podía acostumbrarme a tantas modernidades: con cámaras, barras que se alzan solas y universidades… me sentía como en el mundo humano, algo fuera de lugar. De seguro, cuando el Rey Alfa visitaba mi antigua manada, debía de encontrarla anticuada y pintoresca; y de seguro sentían que yo era la chica rara del campo…
Ryan Morgan estacionó el carro en un reservado para él. Salió del carro en silencio, yo abrí la puerta y salí, corría un viento helado que me calaba los huesos. Ryan Morgan cerró la puerta del auto. Me miró y en silencio, se quitó su chaqueta y me la entregó.
- Si te enfermas, no es una excusa para faltar a los entrenamientos. Abrígate.
Dio media vuelta y caminó hacia el campus. Me quedé pasmada, me abrigué con su chaqueta y sentí como el calor volvía a mi cuerpo.
<<Que tipo tan extraño y difícil de descifrar…>> pensé.
Sentí que algo se movía en mi interior… ¿Qué era?
Como si saliera de un gran letargo, volví a percibir su presencia.
<<Amira>> Mi loba estaba viva y había vuelto a despertar.







