8. PERO ESA ES TU OPINIÓN

RYAN

Caminamos hasta el despacho, fingí tranquilidad y no saber qué es lo que se venía. 

Mi padre se sentó en su asiento y yo cerré la puerta del despacho tras de mi.

- ¿Qué ocurre, padre? ¿Max te informó de algo? ¿Tiene que ver con el ataque a Blackm…?

- ¿Puedes dejar de hablar idioteces? - me ordenó. Si los muros de la oficina no fuesen insonorizados, todos habrían escuchado su voz.

- Bien padre… - fingí no entender - Si no es eso, ¿Entonces qué?

- Dime cuál es tu plan, Ryan… ¿Qué te traes entre manos?

- ¿Entre manos? No sé de qué estás hablando

- Hablo de la chica ¿Qué te traes, Ryan?

- ¿Por qué lo dices así? Yo no soy Will… me hablas como si estuviera planeando algo malo con ella.

- ¿Y no es así?

- Claro que no - Me hice el ofendido - ¿Por quién me tomas, papá? ¿No me conoces? 

- ¿Me vas a negar que te atrae?

- No - dije. luego inhalé - Es una chica linda, lo admito. Pero hasta ahí. Solo quiero ayudarla y, por supuesto, no dejarla en las manos de Will… Tu viste por lo que está pasando ¿La dejarás al cuidado de ese cerdo? Sabes muy bien lo que Will haría con ella.

- Se ve que es una chica lista, Lo confirmó Max. No caería en sus redes… - dijo pensativo - ¿Cuál es su nombre?

- Alexandra Taylor

- Sí, Alexandra… - continuó, comentando - La hija del Beta de Blackmoon. Esa chica es talentosa. Max mencionó un incidente con un alce, creo… 

- Un jabalí - dije.

- ¡Aja! - Gritó y me apuntó. Lo miré aterrado. Me sorprendió - ¿Lo ves? Tu, bribón ¿Crees que puedes engañarme? Te gusta, desde hace mucho. Nunca pones tanto interés en alguien. Siempre has sido frío y ahora te preocupas porque la chica no pase demasiado tiempo arrodillada.

- Estás paranoico… - dije quitándole importancia.

- La profecía, Ryan. No olvides la profecía. Debes estar siempre con tu mente enfocada.

- No te preocupes por nada, padre. Tengo todo bajo control - Caminé hacia la puerta de la oficina y tomé la manilla, cuando escuché la voz de mi padre nuevamente. 

- Y no intentes nada con esa chica sin lobo ¿Entendiste? Puede ser muy linda y talentosa, pero ella no-es-tu pareja

- Ya entendí, padre - Abrí la puerta y salí de la oficina, cerré con cuidado y caminé de vuelta por el pasillo - Pero esa es tu opinión, no la mía.

En el gran salón, todos estaban esperando al Alfa quien llegó poco después que yo. 

Alfa se sentó a la cabecera y Beta Max a su derecha, Alexandra siguió a su madre, hacia el lado izquierdo de mi padre y Will se sentó junto a ella. De este modo, me senté junto a Beta Max y frente a Alexandra. Estaba consciente de que mi padre estaba vigilante en mi actitud hacia ella, por lo que, con gran dificultad, me comporté frío y distante; no la observé ni le dirigí la palabra en ningún momento durante la cena. 

Papá se dedicó a hablar de política, acostumbrado a convertir las comidas en una reunión de asuntos de manada. Cuando notó que ni Alexandra ni su madre participaban en la conversación, se quedó mirando por un momento a mi pequeña diosa. 

- Niña… em… Alexandra - Dijo, mirándome de reojo. Tomé el vaso con agua y bebí un poco, sin interés. Me quedé pegado mirando una mosca.

- Em… - Mi muñeca nórdica tragó su comida - “Alex” - corrigió con una sonrisa. 

- Alex - se corrigió mi padre y pensó - Tiene carácter, me gusta. Bueno, Alex, ya tienes dieciocho años - Mi padre comentando lo obvio. Alex asintió - Ya tienes edad para ir a la universidad.

- Cof cof … - Se atoró con su comida. Will se levantó teatralmente a servirle agua. Yo apreté mis manos contra la orilla de la silla - Estoy bien, estoy bien… Em… ¿Universidad?

- Claro, vienen lobos de todas las manadas. ¿Qué has planeado hacer? ¿Tienes algún pasatiempo? puede que esta sea una buena oportunidad para estudiar algo que te guste

Permaneció en silencio y bajó la mirada. Mi pareja estaba triste y yo no podía consolarla. Pasó toda su vida pensando y entrenando para ser una Beta, y ahora lo había perdido todo. Debía reinventarse, pero quizás era demasiado pronto. Iba a intervenir, cuando ella habló.

- Jamás pensé en ser algo más que una Beta… pero supongo que ahora sin loba, eso es imposible ¿Verdad?

- No hay nada escrito en la ley que lo impida - Me adelanté a decir, mirando fijamente mi vaso, para no encontrarme con sus ojos - ¿No es así, padre? - Miré al Rey Alfa.

- Pues… no. No hay nada en la ley que lo impida… pero, ciertamente, es muy difícil que una hembra Omega sin lobo logre algo así. No digo que sea imposible, pero las cosas no se te harían sencillas… 

- … - Miré de reojo su sonrisa apagada - ¿Y cuando lo son… ? - murmuró. Luego se dirigió a mi padre - Iré mañana y averiguaré qué hay… puede que al estar allí, me interese en algo.

- Esa es la actitud - Dijo animado mi padre - La universidad queda a cuarenta y cinco minutos, Ryan podrá llevarte, ya que será tu tutor y está a cargo de los entrenamientos del grupo de élite en la universidad.

Sé que mi padre me miró, pero permanecí impávido, profesional en mi rol de indiferencia. En mi interior, mi lobo saltaba de felicidad. Corté la carne de mi plato y me llevé un trozo a la boca, sin emitir palabra, ni dar sonrisas: absolutamente estoico.

- O quizás desees una plaza en las habitaciones del campus - comentó su madre

<<¿Qué?>> gritó mi lobo <<No puede quedarse allá… debe estar con nosotros, cerca de nosotros, para que podamos cuidarla>>

<<Tranquilo, pulgoso, podremos verla… no podemos levantar sospechas>>

- También es una posibilidad - Dijo mi padre. Maldije en mi mente, pero por fuera, era el más sutil de los cadáveres.

- Lo pensaré. Mi interés no es molestar a nadie - dijo ella. 

Al terminar la cena, agradecí la velada, fríamente, sin mirar a las lobas y salí del gran salón directo a mi habitación. 

Abrí la puerta y sentí que alguien me empujaba y me hacía entrar con brusquedad a la habitación. Era Will. Cerró la puerta tras de sí y me miró.

- ¡Bien, ahora desembucha, lobo! - dijo.

- ¿Qué? ¿De qué estás hablando?

- Qué fue eso de levantarla y sostenerla en tus brazos. Yo te conozco. 

- ¿Por la diosa, no puedo preocuparme de nadie sin que haya una doble intención?

- No. 

- No soy como tú, Will… no quiero aprovecharme de la loba

- Creo que sí, después de tu cara al enterarte que la chica necesitaba de tu ayuda para ir a la universidad todos los días. Dejaste muy en claro que no te agrada - Me mantuve en silencio. ¿De verdad se había visto así? - Bien, entonces si no estás interesado, iré a pedirle que salgamos juntos. Una distracción después de todo lo que ha vivido, no le hará mal… yo soy especialista en eso. 

- Maldito - Dije y lo sujeté de la chaqueta.

- Lo ves… nunca tuviste ninguna objeción con mis salidas con lobas. Ahora confiesa, me la estás poniendo muy fácil. 

- Eres un estorbo… - dije, molesto.

- Lo sé… pero me amas aun así. Confiesa, hermano. 

Exhalé profusamente, rendido. 

- Promete que no le dirás a nadie

- ¿Alguna vez he faltado a mi palabra? - Lo miré, incrédulo - De acuerdo… ¿Alguna vez he faltado a mi palabra… contigo?

- Jamás.

- Entonces sabes que estoy contigo, ahora desembucha. 

- hmmm… - volví a exhalar, rendido - Es mi pareja.

- ¿Quién? ¿Alex?

- Sí, Alex. Así que no te atrevas a hacer nada con ella.

- Tranquilo… jamás me interpondría entre tu y ella, pero… y la profecía.

- ¿Crees que, de no tener esa maldita profecía, estaría aquí hablando contigo? Nuestro padre ya me advirtió.

- ¿Él ya lo sabe?

- Claro que no… y más te vale que no le cuentes.

- ¡De acuerdo! Ya entendí, no soy idiota - nos quedamos un momento en silencio - Ryan… no quisiera estar en tu lugar… Tener que rechazar a una loba que ya fue rechazada una vez… tú eres su última oportunidad… 

- Yo no la rechazaré, Will

- ¿Entonces qué harás? Ella no es la loba primigenia, sea lo que sea eso. Alex ni siquiera tiene loba.

- Lo sé. Pero les demostraré que esa profecía no vale nada. Ella les demostrará a todos que es la reina que yo sé que es.

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