17.
Gian
Alba estaba pegada a la pared de la ducha, y contemplé su espalda mojada con fascinación. Su cabello corto me daba más visibilidad, cosa que agradecía, dadas las circunstancias.
Sonreí otra vez y acaricié su entrada con la punta de mi pene. Sabía que sería más difícil entrar por culpa de lo mojados que estábamos, pero de todos modos le alcé la pierna y me enterré en su interior.
Ella gimió suavemente y noté cómo convertía sus manos en puños y cómo se mordía los labios. No solo era placenter