La cena transcurre entre platos exquisitos y miradas que, ante nuestra hija, expresan mucho más que cualquier conversación formal. Sasha se encarga de servir el postre y cuida cada detalle con una dedicación que me conmueve profundamente.
El tiempo transcurre rápidamente entre risas contenidas y la complicidad de Abigail, quien no deja de sonreír al ver a sus padres sentados juntos de nuevo. Soy consciente de que estoy cayendo de nuevo en su red, pero la calidez del momento resulta irresistible.