Pov Victoria
Sasha se fue sin mirar atrás. Escucho el eco seco de sus pasos en el pasillo de baldosas oscuras y luego el golpe sordo de la puerta al cerrarse. Ese sonido me lacera el alma con más fuerza que cualquier insulto o reproche que haya pronunciado esta tarde de tormenta.
No fue una pelea a gritos. No hubo amenazas desaforadas ni vajilla rota contra la pared. Fue algo infinitamente peor: fue una calma absoluta y sepulcral. Me habló con la misma indiferencia con la que se le habla a una d