Pov Sasha
Han pasado exactamente tres días desde que Victoria saltó por la ventana y su cuerpo quedó destrozado sobre el pavimento del hospital. Tres días enteros donde el tiempo se ha detenido en una pesadilla de pasillos blancos, monitores que pitan sin compasión y un café de máquina que sabe a puro cartón quemado. Tres días en los que no he sido capaz de prender el teléfono sin sentir náuseas, porque al otro lado de la pantalla está Luciana esperando unas noticias que jamás me atreví a darle.