Pov Nikolái
La puerta se cerró tras ella con un golpe seco que resonó con fuerza. Me quedé completamente estupefacto en la cama de aquel hospital privado, observando el cheque arrugado sobre las sábanas. Ninguna mujer me había gritado jamás de esa manera, ni mucho menos había despreciado mi fortuna con tanta soberbia.
Su piel trigueña y radiante seguía grabado en mi mente como un fuego sagrado que se negaba a apagarse, desde aquella noche. Tenía un cabello negro, largo y semi ondulado que caía