Mundo ficciónIniciar sesiónCaminé hacia la casa con Sasha pegado a mi cadera y Dimitry detrás de los dos, en silencio, con esa mejilla todavía un poco roja.
Mila corrió desde la sala llorando y se lanzó a su cuello, buscando el amparo de ese hombre imponente. Yo me quedé un paso atrás, observando el reencuentro mientras limpiaba la sangre de mis manos.
Lorena bajó la escalera a prisa, restregándose los ojos con sus manitas, con el cabello alborotado por el sueño. Al verme manchada de ese color rojo tan denso, la pequeña soltó un grito de puro horror y comenzó a llorar con una angustia desbordante que me partió el alma. Se acercó corriendo, temblando.
—¡Mami! ¿Qué te pasó? ¡Tienes mucha sangre en la ropa, me da mucho miedo! —sollozó Lorena, tapándose la carita con sus manos.
—Estoy bien, mi amor, no me pasó nada, no llores más —respondí de inmediato, tratando de calmarla—. Solo fue un pequeño accidente en la calle.
Sasha y Mila se interpusieron de inmediato entre nosotras, mostrando los dientes como pequeños cachorros salvajes defendiendo su territorio. Los gemelos miraron a Lorena con un rechazo puro, pegándose a mis piernas curvas con una desesperación desgarradora. La confusión infantil estalló transformando la sala en un caos total.
—¡Aléjate de nuestra mami, niña extraña! —gritó Sasha con todas sus fuerzas, interponiéndose—. ¡No la toques, ella es nuestra mamá ahora!
—¡Vete de aquí, déjanos en paz! —chilló Mila, llorando con una rabia incontenible—. ¡Nosotros nos quedamos con ella y tú vete a otra parte!
Lorena abrió los ojos con total desconcierto, mirando a los niños extraños que invadían su casa con un llanto herido.
Su tierno rostro infantil se transformó en una expresión de profunda tristeza y celos puros al ver que reclamaban mi afecto. Dio un paso al frente llorando con más fuerza.
—¡Están locos, ella es mi mami, no la suya! —bramó Lorena, abrazándose a mis piernas—. ¡Váyanse ahora mismo de mi casa porque son unos niños feos y malos!
Lorena abrió los ojos con total desconcierto, mirando a los niños extraños que invadían su casa con un llanto herido. Su tierno rostro infantil se transformó en una expresión de profunda tristeza y celos puros al ver que reclamaban mi afecto. Dio un paso al frente llorando con más fuerza.
—¡Están locos, ella es mi mami, no la suya! —bramó Lorena, abrazándose a mis piernas—. ¡Váyanse ahora mismo de mi casa porque son unos niños feos y malos!
Los tres niños rompieron en un llanto ensordecedor que inundó por completo el lugar. Me arrodillé de inmediato en medio de ellos, ignorando el cansancio, y los envolví a todos en un abrazo protector, besando sus frentes y dándoles el calor maternal de mi cuerpo voluptuoso que tanto necesitaban.
Logré apaciguar sus lamentos con caricias tiernas.
—Ya pasó, mis pequeños, no peleen más, estoy aquí con ustedes —les dije al oído, acunándolos—. Tranquilos, mamá está aquí para cuidarlos a todos.
Dimitry observaba toda la escena desde el umbral con una expresión seria e indescifrable. Avanzó hacia nosotros con pasos firmes que resonaron en la estancia y tomó a los gemelos con una mezcla de decisión y cuidado, haciéndome entender que el tiempo de las despedidas había llegado.
—Es hora de irnos, niños, su padre los está esperando con urgencia en el hospital ahora —ordenó Dimitry, tomándolos—. Muévanse de una vez, andando ya.
—¡No me quiero ir, yo quiero quedarme para siempre con mi mami! —suplicó Mila, aferrándose a mi cuello—. ¡No me dejes sola aquí, por favor!
Un dolor extraño me partió el pecho en dos, un vacío que no lograba comprender pero que calaba profundo en mi interior.
Miré a los gemelos a los ojos, conteniendo mis lágrimas de impotencia, sabiendo que debían marchar al lado de su verdadero progenitor para estar a salvo.
—Tienen que volver con su papi, mis niños hermosos, él los necesita demasiado ahora —les hablé con la voz quebrada—. Él está esperándolos con angustia.
—Si algún día quieren regresar conmigo, los recibiré con los brazos abiertos siempre —añadí, dándoles un beso—. Esta siempre será su casa.
Sasha y Mila asintieron con la cabeza baja, limpiándose las lágrimas con sus manos, y caminaron resignados hacia la salida junto a Dimitry. Vi cómo sus siluetas se alejaban en medio de la oscuridad, dejándome sola con mis caóticos pensamientos y un dolor persistente.







