Pov Luciana
El teléfono vibra por tercera vez sobre la mesa y no necesito mirar la pantalla para imaginar quién es: Sasha. Él, de nuevo, insistiendo después de haber convertido mi casa en un campo de batalla y de haber hecho llorar a Abigail.
Aprieto los labios y continúo doblando una chaqueta de mi hija. Todavía resuenan en mi mente sus gritos, y los míos.
—Mami, tu teléfono está sonando —dice Abigail desde el sofá, abrazando su conejo de peluche—. ¿No vas a contestar?
—No, cariño. Ahora no qu