El auto se detuvo frente a mi mansión . Bajé con cuidado, sintiendo el peso de mis heridas.
La mansión olía a hogar cuando entré.
No sé si siempre había sido así y yo nunca lo había notado, o si después de tres días en un hospital uno aprende a apreciar las cosas que antes daba por sentadas. Caminé despacio, con el costado todavía vendado y el cuerpo más pesado de lo que estaba dispuesto a admitir, y antes de llegar al segundo escalón ya los escuché.
Pasos pequeños. Rápidos.
Sasha llegó primero,