Mundo de ficçãoIniciar sessãoA la mañana siguiente, las cosas cambiaron cuando un automóvil negro de gran lujo se estacionó frente a la casa. Me trasladaron de inmediato al exclusivo hospital privado donde Nikolái Ivanoff, el poderoso líder, exigía ver con suma urgencia a la mujer que lo salvó.
Entré con paso temeroso a la habitación. Nikolái imponía una presencia masculina que dominaba todo el espacio; y no era debido a su cicatriz en el rostro, sino por esos ojos verdes que parecían atravesarte.
—Gracias por venir, quería agradecerle personalmente todo lo que hiciste —habló Nikolái, con una voz profunda que vibró en mi pecho—. Eres muy valiente. Mila y Sasha me contaron todo lo que arriesgaste por salvar nuestra integridad —continuó, sin apartar esa mirada magnética que me devoraba—. Nunca lo olvidaré.
Hizo una pequeña pausa, como si recién entonces recordara algo elemental.
—Disculpe, no me he presentado como corresponde. —Intentó incorporarse un poco contra las almohadas, con ese gesto de hombre que aun herido se niega a perder las formas—. Soy Nikolái Ivanoff. CEO de Ivanoff Construction Group. La constructora número uno de Chicago.
El nombre no me dijo nada. Lo noté en su cara, ese segundo de sorpresa al ver que yo no reaccionaba como reaccionaba todo el mundo cuando lo escuchaba.
—Abril —dije, simplemente—. Mi nombre es Abril.
Él asintió despacio, como guardando ese dato en algún lugar importante.
—¿Y los gemelos? —pregunté, con el temor subiéndome por la garganta sin pedir permiso—. ¿Están bien? ¿Cómo están?
—Están bien —respondió, aunque algo en su tono se suavizó—. Aunque le confieso que se quedaron bastante inquietos. Querían venir con usted esta mañana. Tuve que prometerles que la vería yo primero.
Sentí algo cálido moverse en el pecho, algo que no esperaba sentir por dos niños que apenas conocía desde anoche.
—Le agradezco profundamente todo lo que hizo por ellos —continuó él, con la voz más baja ahora, más medida—. Pero debe entender una cosa, Abril. Soy un hombre con muchos enemigos. Mi posición me obliga a desconfiar incluso de quienes me ayudan. No puedo permitirme confiar así de fácil, por más que el instinto me diga otra cosa.
—Lo entiendo —respondí, y era verdad—. No espero nada de usted ni de su confianza, señor Ivanoff. Hice lo que hice porque era lo correcto, no porque buscara algo a cambio.
Sus ojos verdes seguían fijos en mí, recorriéndome con una atención que iba más allá de la simple cortesía, como si buscara debajo de mis palabras algo que no terminaba de encontrar. Esa mirada me dejaba sin piso, no por miedo a lo que pudiera hacerme, sino por la sensación incómoda de estar completamente expuesta frente a un desconocido.
Aparté la vista primero. No supe hacer otra cosa.
De repente, él le hizo a Dimitry, quien permanecía inmóvil al fondo del cuarto. El hombre sacó de su saco un elegante cheque. Vi la cantidad escrita y tragué en seco, dándome cuenta de que con ese dinero podría vivir sin privaciones.
Pero mi orgullo de mujer reaccionó con violencia ante la humillación de ser comprada. Sentí una indignación ardiente recorriéndome las venas, transformando mi asombro en un profundo desprecio hacia su actitud prepotente. Me negaba a dejar que ese millonario pisoteara mis valores.
—Eres un completo estúpido si piensas que puedes ponerle un precio a mi ayuda —le respondí con altanería, arrojando el papel arrugado a su cama—. Te equivocas. Todos los hombres poderosos como tú creen tener el derecho de solucionar la vida firmando un cheque —escupí con rabia—. Mi dignidad vale mucho más.
Nikolái se tensó sobre las sábanas, sorprendido por mi atrevido desplante. Sus ojos brillaron.
—No pretendía ofenderte, Abril, yo solo deseaba asegurar tu estabilidad económica —explicó con voz ronca, intentando incorporarse a pesar del dolor—. Perdóname, por favor.
—Mejor no pienses tanto, Ivanoff, guarda tu dinero y tus falsas intenciones —sentencié con firmeza, dándome la vuelta con total decisión—. No me vendo ante nadie. Espero que te recuperes pronto de tus lesiones y que sepas cuidar a los gemelos —remate desde la puerta, dejándolo completamente impactado.







