Todo mi cuerpo se eriza al escuchar sus palabras y volver a sentir su calor penetrando mi piel con una familiaridad exquisita. Mi corazón parece querer salir de mi pecho cuando sus manos se levantan en mi dirección mientras yo sigo retrocediendo inconscientemente y él avanza.
No es culpa, es preocupación.
Mis ojos se llenan de lágrimas al entender eso y mi respiración se atora en mi pecho cuando una de sus manos por fin hace contacto con mi cintura, antes de que mi espalda choque suavemente contra el ventanal del departamento mientras la mirada de Ares sigue calentando mi interior con su intensidad.
Su mano libre se posiciona sobre mi cabeza para encerrarme entre sus fuertes brazos y su mirada me atraviesa con esa oscuridad que tanto le caracteriza y que hace arder mi cuerpo sin yo poder evitarlo.
—Quiero tenerte hasta el último respiro que dé mi cuerpo, Artemisa. Quiero tener este hijo y muchos más contigo. Es lo que más deseo en este mundo — susurra con ronquedad cuando me tiene apr