Todo mi cuerpo se eriza al escuchar sus palabras y volver a sentir su calor penetrando mi piel con una familiaridad exquisita. Mi corazón parece querer salir de mi pecho cuando sus manos se levantan en mi dirección mientras yo sigo retrocediendo inconscientemente y él avanza.
No es culpa, es preocupación.
Mis ojos se llenan de lágrimas al entender eso y mi respiración se atora en mi pecho cuando una de sus manos por fin hace contacto con mi cintura, antes de que mi espalda choque suavemente con