Sorprendida, observo cómo Ares se queda parado en su lugar y me observa con una ceja en alto. Su mandíbula tensa. Lo miro confundida, levantándome del suelo con lentitud para hacerle frente.
—Mi lord — saluda Troian a mi costado, también levantándose del suelo y dedicándole una mirada seria a Ares, quien deja de observarme al escucharle y vuelve su atención a él. Troian se inquieta con la mirada que le da. Lo noto removerse a mi lado.
En respuesta a su saludo, Ares le gruñe como si fuera un maldito perro rabioso y le señala la salida del departamento, haciéndole un ademán para que salga de allí.
—Tú, largo. Luego hablaré contigo — le ordena con una frialdad aterradora, antes de devolver su atención a mi y señalarme con el dedo —. Y tú, a la habitación. Drexler ha venido a chequearte — espeta con la misma frialdad.
Troian no duda en acatar la orden de Ares y sale de allí como alma que lleva el diablo, lo cual hunde más profundamente mi ceño y hace hervir mi sangre de rabia dirigida al