La promesa resonaba en Artemisa como un eco hueco, una obligación impuesta por el amor inmenso que sentía por Ares. ¿Cómo podía siquiera concebir la idea de ofrecerse a otro hombre, a Jackson, cuando su cuerpo y su alma pertenecían por completo a su demonio? La sola idea le provocaba una repulsión visceral, un sentimiento de traición hacia sí misma y hacia Ares.
La mañana siguiente amaneció gris y fría, reflejando la tormenta que se desataba en su interior. Evitó a Ares, refugiándose en la bibl