La chimenea crepitaba suavemente, llenando la sala del castillo con un cálido resplandor que suavizaba las sombras de los altos muros de piedra. La pequeña, ajena al peso de las conversaciones que a menudo se llevaban a cabo en ese lugar, se reía mientras que Lukas intentaba distraerla con una pequeña figura tallada en madera. Su risa era ligera, pura, un destello de inocencia en un mundo marcado por la guerra y la incertidumbre. Deimos estaba sentado en una butaca junto a la ventana, aparentem