El aire estaba cargado de una extraña mezcla de incredulidad y emoción, a pesar de estar en medio del bosque, era como si el mundo mismo contuviera la respiración. Alanys permanecía inmóvil, con sus ojos incrédulos clavados en la figura que se alzaba frente a ella. Amelia, para ella parecía emerger de las sombras como un espectro, con su silueta envuelta en la penumbra y una mirada que destilaba tanto sufrimiento como determinación. Alanys pensó por un momento que su mente le estaba jugando una