Capítulo 48
Demonio Lobo
Amelia se encontraba en su despacho enterrada en un montón de documentos por revisar, mientras sostenía con ambas manos una enorme taza de café, como si esta pudiera proporcionarle un ancla en medio del caos. Las tenues luces de las lámparas proyectaban sombras alargadas en las paredes, pero sus ojos estaban fijos en un punto inexistente, hundida en el laberinto de sus pensamientos. Se preguntaba cómo podía siquiera pensar en Deimos y en las palabras que le había dicho.