Mundo ficciónIniciar sesiónMi nombre es America. No es uno tan común,pero él nunca me llama por mi nombre,ni siquiera lo hace en absoluto. Una vez fuimos mejores amigos,pero un día decidió que ya no quería serlo,desde entonces he sido excluida de todos los eventos,humillada en mis peores días y calumniada más que cualquier persona en la preparatoria. Este año perdió su oportunidad de humillarme más,porque este año no soy la misma chica que solía llorar por sus bromas,este año es ojo por ojo y golpe por golpe... Santiago Díaz y América Segovia son mejores amigos desde pequeños, hasta un verano en qué Santiago viaja con su madre y por accidente descubre que ella es prostituta. para poder guardar el secreto decide alejarse de todos, incluída América,al creer que ella lo descubre,la ridiculiza para que nadie pueda creerle. pero este año es el último día que ella lo permite.
Leer másEl golpe no llegó de inmediato. Al principio, seguí con mi vida como si nada. O al menos lo intenté. Me repetía que todo seguía igual, que no importaba lo que ese maldito mecánico hubiera dicho, porque yo seguía siendo el mismo de siempre. Pero la mentira no duró mucho.Empezó con cosas pequeñas. Reacciones más bruscas de lo normal, noches en las que el sueño no llegaba y la necesidad de pelear como si eso pudiera hacerme olvidar. No funcionaba. Así que empecé a beber más. Al principio, solo unos tragos después de cada pelea, luego en cualquier momento del día. Para calmar la rabia, para no pensar. Para no recordar esas palabras que se habían incrustado en mi cabeza como un maldito virus.“No eres mi hijo.”La frase me perseguía. Aparecía en mi mente cuando menos lo esperaba. A veces en medio de una conversación, otras justo antes de un golpe, haciéndome perder el foco. No podía seguir así. Así que dejé de dormir.Las peleas se hicieron más violentas. Antes peleaba con control, con es
(Santiago) días antes… Camino entre la multitud sin saber qué hacer con mis pensamientos. Todos están mirando a América, celebrando su victoria, y yo… yo no soy parte de eso. La ironía me golpea como un puño cerrado: la chica que solía ser invisible, la que siempre estuvo en las sombras, ahora es la protagonista, la maldita reina del lugar. Y yo… yo soy solo un espectador. Antes, todo giraba a mi alrededor. La gente me seguía, me admiraba, y nadie podía cuestionarme. Yo era el rey, el chico que siempre tenía el control. Pero ahora… ahora todo eso se desvaneció. Miro hacia el suelo, sintiendo el peso de cada mirada que se aleja de mí. Incluso JC, ese idiota que siempre estaba a mi lado, ahora la mira a ella con respeto. La gente la aplaude, la celebra, y yo solo… observo. Lo que más me molesta es que no me enojo. No siento rabia, no siento ira. Solo siento vacío. Como si me estuvieran arrancando algo que ni siquiera sabía que tenía hasta que lo perdí. Es un sentimiento extraño, uno
La euforia de mi pelea con Tania sigue en el aire, pero para mí ya es cosa del pasado. No me importa lo que digan, ni las miradas que ahora me siguen a todas partes. Me acostumbré demasiado a estar sola como para emocionarme porque, de la nada, todos quieren estar cerca. Santiago sigue distante. No se ha dirigido a mí desde la pelea, y aunque no voy a admitirlo en voz alta, hay una parte de mí que esperaba otra reacción. Una pelea, una burla, algo. Pero no. Solo silencio. La paz dura poco. Porque justo cuando creo que puedo relajarme, el problema me encuentra. —Bonito espectáculo el de la otra noche. La voz grave y rasposa me saca de mis pensamientos. Me detengo en seco. No reconozco a la persona que me habla, pero tampoco necesito mucho para darme cuenta de que no es un estudiante. Es un hombre. Mayor. Alto, con una chaqueta de cuero gastada y cicatrices en los nudillos que no dejan dudas de a qué se dedica. Me observa con una media sonrisa ladeada, co
El silencio que dejó la pelea con Tania no dura mucho. Al principio, todos están en shock. No porque nunca hayan visto una pelea antes, sino porque nadie esperaba que fuera yo quien terminara con el puño en alto. Pero luego, como una ola que crece sin control, se desata algo que jamás había sentido en este maldito lugar: Respeto. —¡América, no mames, le rompiste la nariz! —alguien grita, y la risa se esparce entre la multitud. —¡La hiciste mierda! —¡Fue lo mejor que he visto en mi vida! Los murmullos se convierten en ovaciones. Alguien me da una palmada en la espalda, otros aplauden y algunos incluso sacan sus teléfonos para grabar mi salida triunfal. Yo solo sonrío. No porque lo necesite, sino porque es la primera vez que siento que yo tengo el control de la situación. —¿Qué se siente? —JC aparece a mi lado, con los brazos cruzados y una expresión de puro entretenimiento. —¿Qué cosa? —Ser la nueva reina de la escuela. La idea me da risa
Último capítulo