(Narrado por el padre de América)
Los pecados del pasado nunca desaparecen. Se ocultan en los rincones de la memoria, se entierran bajo excusas y se disfrazan de errores olvidados. Pero tarde o temprano, regresan. Siempre regresan.
—Hija, puedes dejarme a solas con Nora.
Mi voz suena más dura de lo que esperaba, pero no me retracto. América me mira con el ceño fruncido, confundida. No está acostumbrada a escucharme hablar así. Yo tampoco estoy acostumbrado a hacerlo. He pasado mi vida sie