Santiago volvió a clases como si nada. Como si nunca me hubiera sonreído en La Mala, como si nunca me hubiera visto pelear y no hubiera sentido orgullo por mí. Como si todo lo que pasó aquella noche no hubiera significado un carajo.
Y la verdad, qué bien. Qué bien que siga siendo el mismo idiota de siempre, porque al menos ya sé a qué atenerme.
Pero claro, esto no significa que los demás también lo pasen por alto. Su regreso es el evento de la semana. Las chicas vuelven a girar la cabeza a