La euforia de mi pelea con Tania sigue en el aire, pero para mí ya es cosa del pasado. No me importa lo que digan, ni las miradas que ahora me siguen a todas partes. Me acostumbré demasiado a estar sola como para emocionarme porque, de la nada, todos quieren estar cerca.
Santiago sigue distante. No se ha dirigido a mí desde la pelea, y aunque no voy a admitirlo en voz alta, hay una parte de mí que esperaba otra reacción. Una pelea, una burla, algo. Pero no. Solo silencio.
La paz dur