Llego a casa sin recordar cómo.
Vanessa no me pregunta nada. Tal vez porque sabe que si abre la boca, voy a romperme.
Me encierro en mi habitación, con el corazón golpeando tan fuerte que duele.
Pero no me quedo ahí.
Porque si lo hago, me voy a asfixiar.
Así que hago algo que jamás pensé que haría.
Salgo.
Camino por la casa en la oscuridad y me detengo frente a una puerta que no suelo tocar.
Toco dos veces.
—¿Papá?
Su voz tarda en llegar, pero cuando lo hace, suena sorprendi