Santiago
Tania se acerca hasta America con la firme intención de golpearla,pero no puedo permitirlo. Cuando Tania alza la mano yo logro detenerla en el aire.
—¡Santiago! ¿Qué haces? Ella empezó todo.
Chilla como si fuera niña pequeña,pero no le creo nada. Tania es capaz de eso y más para obtener lo que quiere,pero no soy su maldita mascota para que de por hecho que soy suyo.
—¡Dios! Eres otra cosa,enserio. Pero tienes que saber que no permito que te metas conmigo.