Capítulo 58

Su beso era calidez sin fuego. Una atadura en el caos. Un aliento exhalado en el ojo de la tormenta.

Ragnar la besó como si no fuera una profecía ni una maldición, ni la heredera marcada de una diosa olvidada ni la clave de alguna guerra antigua, sino simplemente una mujer.

Solo Atenea. La chica que lo atraía inmensamente. La chica que quería devorar con todo el corazón y sin dejar ni una miga.

Y esa ternura silenciosa y devastadora la deshizo.

Sus dedos se curvaron en los pliegues de su capa,
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