Ragnar
No la había seguido. No inmediatamente.
Ragnar se quedó clavado en el lugar, con los puños apretados a los costados, el fantasma de sus labios aún ardiendo contra los suyos. Su aroma se aferraba a él como el humo de un fuego del que no podía escapar.
Y algo más persistía. No solo el vínculo. No solo ella.
Algo bajo su piel.
En el momento en que lo besó, él lo sintió, esa atracción. Pero no como antes. Esta vez, no era deseo, magia o hambre.
Era una presencia.
Ragnar había pasado años dom