Atenea estaba en su habitación. No había salido en los últimos dos días.
Le hervía la sangre al pensar en Ragnar y en la forma en que la besaba con fuerza de nuevo. Ese bastardo. Todavía podía sentir sus labios sobre los suyos como si quisiera comérsela viva.
Odiaba el hecho de que sus pensamientos consumieran gran parte de su tiempo, y en todos esos segundos, solo quería erradicar su existencia de la tierra.
Atenea no comió nada ayer porque tenía ganas de vomitar. Se había bañado al menos sie