El mundo se hizo añicos en un solo suspiro.
El bosque que bordeaba la orilla cayó en un silencio inquietante, como si la naturaleza misma temiera lo que se avecinaba. La noche se volvió más pesada, las sombras más oscuras, el olor a peligro se deslizaba por el aire como una serpiente.
Atenea se congeló.
Sus pies descalzos se clavaron en la arena, la capa empapada se aferró a su cuerpo tembloroso. Sus dedos se deslizaron lentamente hacia la hoja metida en su costado. El latido de su corazón reso