Muerte y Vida II
Ana parpadeó varias veces, como si el mundo titilara delante de ella, como destellos. La respiración seguía agitada, demasiado rápida para poder controlarla. Solo entonces se dio cuenta de que estaba acurrucada contra él, aferrándose a su ropa como si fuera lo único que la mantenía de pie.
-Ana. -La voz de Ashven era firme, pero no dura. -Vamos. Arriba.
Ella levantó apenas la cabeza, los ojos rojos y vidriosos, el dorado ya ausente de su piel, salvo por pequeños destellos que p