Emboscada
Ana cerró los ojos. Ambos habían dejado las espadas con las mochilas para poder trabajar, pero Ashven se inclinó hacia la pared del cobertizo y tomó el hacha que había dejado apoyada allí. A diferencia de otras veces, no encendió llamas, no hizo uso de su don.
No aún.
No si hacerlo revelaría su ubicación antes de tiempo.
Ana contuvo la respiración. Su corazón golpeaba tan fuerte que temió que se oyera desde afuera.
Ashven dio un paso hacia adelante, hacha en mano, con los músculos t