Merodeadora II
El sonido del agua al caer cesó de golpe, y con él, la sensación de seguridad que el vapor le había ofrecido. Ana levantó la vista al espejo empañado, creyendo ver algo moverse detrás.
-Ahora ni viniendo de madrugada puedo bañarme tranquilo. -La voz masculina rompió el silencio, profunda, molesta.
Ana giró en seco, el corazón saltándole al pecho al descubrir que no estaba sola. Allí, entre la neblina cálida, Ashven se alzaba con el cabello mojado, las gotas resbalando por sus hom